viernes, 31 de enero de 2014

Bienvenida

Me levanté un día recordando cierta situación durante un viaje por Colombia en el que me preguntaban  acerca del clima en Argentina.  En ese momento mi respuesta fue que tenemos un clima templado con todas las estaciones bien diferenciadas: en verano mucho calor y en invierno mucho frio. ¿Verdadero o falso? ¿Qué pensarán los fueguinos del clima templado? ¿Qué dirán en la puna los abrapampeños cuando decimos que en verano hace mucho calor? ¿Y sus vecinos de las yungas? 
El territorio nacional tiene casi cuatro mil kilómetros de largo (sólo en su parte continental), los cuales por un lado están atravesados por un trópico y por el otro casi tocan el círculo polar antártico. ¿Clima templado? Frente a este rápido racconto mental  la respuesta que le di al amigo colombiano perdió toda rigurosidad y pensé en esa idea que allende las fronteras tienen de nosotros y de nuestro espacio, idea que podría sumar a las viejas falacias que Jauretche enumeró en su Manual; idea a la que había contribuido con mi respuesta. Esa maldita idea de pensar a la Argentina como una en toda su extensión.  
Argentina la extensa, la de las cuatro estaciones y la de inviernos fríos y  veranos calientes, cuenta con más de dos mil quinientos gobiernos locales con nomenclaturas que varían de provincia a provincia. Y aunque ninguno es igual  a otro, todos comparten un denominador común: velar por los intereses de las personas que eligieron vivir allí. Personas que viven en Argentina y también en una Provincia pero habitan y tienen su dirección en alguna ciudad o caserío.
La ciudad es ese lugar en el que la gente habita, circula y trabaja. Cumplir con esas tres metas es el origen y destino de ese rejunte de almas que encuentran refugio poniendo sus casas una cerca de la otra. Tal vez esto no sea por todos compartidos, pero esa es la premisa con la que he decidido encarar esta idea, este proyecto que pretende ser un grito local y federal entre las identidades que se funden cada vez más en una nación con cabeza de gigante.

Los invito a recorrer el camino de los pueblos, de las ciudades y de los gobiernos locales para comprender su rol, compartiendo experiencias de gestión e ideas innovadoras en el intento de los municipios de hacer que sus vecinos habiten, circulen y trabajen más y mejor en el lugar que han elegido hacerlo.

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